19 de julio de 2016

LAS MÉDULAS 2016

Apenas cinco días después de volver de Chipiona empezamos las verdaderas vacaciones (tras volver de la playa aún tuve que trabajar cuatro días). El caso es que el viernes 15 de agosto, tras bastantes vicisitudes, cogimos carretera e inauguramos la primera parte de los viajes de este periodo estival. Nuestro primer destino: el Bierzo.

Tras pernoctar ese mismo día 15 en Cañaveral (Cáceres), pasamos al día siguiente unas horas en Benavente (Zamora). Tras dejar atrás la ciudad zamorana, el 16 por la tarde llegamos al Bierzo, la zona elegida para pasar unos días de camping este verano.

Cierto es que el Bierzo es la zona por la que hemos estado, pero la realidad es que hemos ido a ella, no a explorarla en general, sino a visitar un lugar concreto: Las Médulas, un entorno paisajístico, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, formado a partir de la mayor mina a cielo abierto de época romana, una de las mayores obras de ingeniería de la antigüedad. Hoy día lo que vemos es un paisaje de gran belleza formado por picos y galerías, y cubierto de castaños centenarios. Es de uno de los lugares imprescindibles de mi reto Tesoros de España.


Sin embargo, pese a que nuestro objetivo estaba claro, gracias a nuestra estancia de tres días en la región son varios los sitios extra que hemos podido conocer. En concreto, eran para mi también un objetivo de mi reto Poblaciones Escogidas de España Villafranca del Bierzo y, como no, Ponferrada, la capital de la comarca. En Ponferrada ya había estado en 2012 y volvimos para poder saldar una pequeña cuenta pendiente que tenía: ver el Castillo de los Templarios por dentro. Villafranca del Bierzo no la conocía en absoluto y he de decir que me ha sorprendido gratamente. También hemos visto otros sitios como la Piscina Fluvial de Toral de los Vados, pero lo que hemos visto bien a fondo es lo que vinimos a conocer: Las Médulas.

La visita protagonista la dividimos en dos días. El primer día nos acercamos por la mañana al pueblo de Las Médulas, donde está el Aula Arqueológica, que fue nuestro punto de partida.


Al llegar nos informaron de manera escueta de cual era la ruta más rápida para llegar, por nuestra cuenta, a los dos puntos estrella de Las Médulas: La Cuevona y La Encantada. Conformes con esa posibilidad, decidimos ver primero el Aula Arqueológica, pero antes cruzamos la calle para ir a tomarnos un café a la cafetería del Hotel Medulio. Veinte minutos después volvimos al Aula y en el momento de pasar de nuevo por la recepción pude escuchar como la chica le comentaba a otra pareja que en 20 minutos existía la posibilidad de unirse a una visita guiada que hacía una ruta ligeramente más amplia que la que nosotros íbamos a hacer. No se por que la chica no nos había dicho nada a nosotros de eso, pero sin dudarlo le pregunté si era posible que nosotros cuatro también nos uniéramos a ese grupo. Resultó que sí había hueco.

Por esa casualidad nos vimos cambiando los planes sobre la marcha, dejando la visita al Aula para otro momento y atravesando el pueblo de Las Médulas para llegar al Centro de Recepción de Visitantes, que era donde empezaba la visita, en grupo y apta para todos los públicos.


Se gana mucho haciendo este tipo de visitas de la mano de alguien que conozca el lugar. Los 4'50 euros por persona que costó la excursión los doy por bien gastados (Julia por ser menor de 6 años no pagó nada). Durante dos horas recorrimos la llamada Ruta Corta con una guía (Isabel). Pese al nombre, la Ruta Corta es más larga que el recorrido que recomiendan a los que van por libre. Fueron 3 kilómetros en total, pero nos fuimos deteniendo con frecuencia para escuchar las explicaciones de Isabel acerca del yacimiento, las técnicas romanas de extracción, lo que implicó en la zona la existencia de la mina de oro y lo que queda hoy de todo aquello. Por lo visto los romanos se dedicaron a perforar con túneles ciegos la zona montañosa a la vez que acumulaban en depósitos de altura el agua que traían desde los nacimientos de los ríos y los neveros. Una vez construidos los túneles y almacenada suficiente cantidad de agua soltaban de golpe toda esa agua, la cual al bajar montaña abajo se colaba por los túneles sin salida, comprimía el aire atrapado en su interior y reventaba, literalmente, la montaña (el sistema de explotación se llamaba Ruina Montium, el nombre es bastante expresivo). Una vez que la montaña estaba hecha escombros era el momento de quitar los cantos rodados y de lavar con más agua la masa desprendida en canales de madera, filtrándola a través de ramas de brezo que retenían el oro. Los picachos que hoy día se ven es lo que el agua no echó abajo.



Nuestra guía también nos explicó por que hay tantos castaños en la zona (los cultivan allí, por lo visto, no son autóctonos y sirven para que la economía de la zona se beneficie del comercio de la castaña).




El destino del recorrido eran dos puntos concretos llamados La Cuevona y La Encantada. El trayecto fue muy interesante y bastante vistoso, pero fueron esos dos lugares los puntos más impactantes. Las rutas por libre también van a esos puntos, pero de una manera más directa, nosotros dimos un rodeo. De los dos lugares fue La Encantada el más digno de ver. En él se adentra uno en la roca y se pueden atravesar dos túneles que quedaron ahí, uno lleva a un agujero en una pared desde donde se ven bonitas vistas y el otro se asoma al camino que se ha venido recorriendo.




La segunda parte de nuestro plan del primer día nos llevó, tras acabar la visita a Las Médulas propiamente dicha, al Lago de Carucedo. El mismo está a unos kilómetros de la zona arqueológica, pero está íntimamente relacionado con ella, ya que el embalse de agua se formó debido a la acumulación de sedimentos y materiales estériles arrastrados desde la mina, que acabaron taponando la salida natural de aguas del valle. 

Hasta aquí el día para las niñas había sido bastante divertido: el pateo por Las Médulas, con todas sus explicaciones, lo aguantaron bastante bien. Sin embargo, fue la parte del lago la que les alucinó más, porque la razón de ir allí no fue otra que darnos unos cuantos chapuzones. En efecto, el Lago de Carucedo tiene habilitada una zona de baño donde no falta un chiringuito, donde se pueden consumir bebidas y helados, ni una zona sombreada con césped y con mesas preparadas para hacer pícnics (al ser domingo aquello estaba de bote en bote). Nosotros no llevábamos comida, así que nos bañamos antes y después de comer.


En medio, para almorzar, nos desplazamos andando al cercano pueblo de Carucedo, donde comimos en el agradabilísimo jardín del Mesón El Lago, donde había menús a 13 euros con muy buena relación calidad-precio (y pudimos pedir dos para los cuatro), aunque hubo que echarle paciencia, porque el único camarero era un señor que ya no cumplía los 70 y que estaba un poco sobrepasado.

El baño de después de comer fue muy calmado y echamos en la zona sombreada del lago un buen rato, hasta que a las seis nos desplazamos de nuevo al pueblo de Las Médulas para ver, ahora sí, su Aula Arqueológica (el dinero de la visita guiada daba derecho a ver esa exposición en la misma jornada). El día había sido muy caluroso y a las seis el sol cascaba aún de lo lindo, así que los 25 minutos que estuvimos en el Aula, que estaba bien acondicionada, ya fueron, de por si, agradables. Más allá de eso, el Aula tampoco nos dijo muchas cosas nuevas, después de haber oído las explicaciones de nuestra guía por la mañana. No obstante, fue interesante ver gráficamente algunas de las cosas que nos habían contado y, para mi sorpresa, los paneles y maquetas llamaron bastante la atención de Ana y de Julia, que supongo que se quedaron con la mitad de la mitad, pero que no es poco, teniendo en cuenta que tienen cinco y siete años.

El segundo día de visita lo planteamos de manera diversa. Durante el día anterior habíamos escuchado en repetidas ocasiones decir a nuestra guía lo bien que se veían Las Médulas en su conjunto desde el Mirador de Orellán y lo bien que se entendía como era el sistema de extracción del mineral visitando la Galería de Orellán, así que no quedaba otra, para completar la visita, que ir a la zona susodicha. Lo que sucede es que el día anterior había sido una auténtica paliza para las niñas, en danza desde las ocho, con rutas, baños y museos. El segundo día era preceptivo dejarlas dormir y afrontar la jornada de una manera más relajada. Por eso dejamos las visitas pendientes para la tarde y, tras pasar media mañana en el camping, fuimos a comer y a bañarnos a la Piscina Fluvial de Toral de los Vados. El día de calor fue apañado y, finalmente, agradecimos las horas de baño en las frías aguas del Río Burbia. La Piscina Fluvial es alucinante, también tiene su chiringuito, sus mesas y su zona sombreada de césped. Es evidente que hay muchos lugares de baño en el interior de España que merece la pena descubrir. No obstante, a nosotros nos quedaban dos visitas pendientes y a las seis volvimos a poner rumbo al entorno de Las Médulas. En este caso fuimos hasta Orellán, población que pasamos de largo, ya que nuestro destino era el aparcamiento habilitado para los visitantes del Mirador y la Galería de Orellán. Desde el parking una cuesta bastante considerable de unos 700 metros nos llevó andando hasta nuestro destino del día.


Primero realizamos la visita a la Galería de Orellán, que resultó ser un paseo por los verdaderos túneles que se conservan de cuando los romanos agujerearon la montaña para sacar el oro. El día anterior ya habíamos visto los de La Encantada, pero estos eran muchísimo más largos y profundos.



Realmente la visita nos sirvió para conocer mejor el trabajo en la mina: los túneles en muchas partes no superan el metro y medio de altura, por lo que un adulto ha de ir con cuidado de no chocarse contra el techo. También se comprende que la roca de la montaña, por fortuna, no era muy dura, sino que era más bien arcillosa. Aún así, hacer esos túneles a base de martillo y cincel tuvo que ser una labor extremadamente dura y ardua. Las vistas al final del túnel son realmente espectaculares.



El destino final de nuestra visita a Las Médulas fue el Mirador de Orellán. En algunos casos este mirador es lo único que ve la gente, lo cual es una pena, ya que ver la mina a ras de suelo es esencial para comprenderla. Sin embargo, hay que decir que lo más espectacular y fabuloso que se ve en toda la visita a Las Médulas son las vistas desde ese mirador. Yo me alegré de haberlo dejado para lo último, porque fue como un broche de oro. Desde allí se acaba de comprender perfectamente como los romanos, literalmente, echaron la montaña abajo para sacar el oro. El paisaje que ha quedado de todo ello y que se contempla desde el Mirador en toda su inmensidad es una auténtica maravilla.





Las Médulas pueden ser exploradas aún más profundamente. Hay hasta cinco rutas más que recorrer por diferentes caminos, con distintos grados de dureza. También hay otro par de miradores. Por otro lado, fuera del perímetro del yacimiento se pueden visitar los restos de los castros donde vivían los astures, los indígenas que fueron los que realmente cavaron los túneles, y también se pueden ver los canales que fueron construidos para llevar el agua desde los manantiales y ríos de los Montes Aquilianos hasta las minas. Nosotros todo eso no lo vimos, pero sí vimos las cosas claves, los elementos que nos permitieron comprender y hacernos una idea bastante exacta de los que son Las Médulas.


Decir, por último, que el pueblo de Las Médulas es una población pequeña, pero que se nota que recibe la influencia del yacimiento por la cantidad de lugares para comer que tiene. Vimos la Iglesia de San Simón y San Judas, que se encuentra enfrente del Centro de Recepción de Visitantes y que estaba abierta.



Reto Viajero MONUMENTOS DESTACADOS DE ESPAÑA
Visitadas LAS MÉDULAS.
% de Monumentos Destacados de España ya visitados en Castilla y León: 47'1%.
% de Monumentos Destacados de España ya visitados: 39%.


13 de julio de 2016

FARO DE CHIPIONA 2016

Apenas un par de días antes de ir a Chipiona me di cuenta de que su Faro, ubicado en la Punta del Perro, era uno de los monumentos que tenía pendientes en el reto Monumentos de Andalucía. Verlo por fuera no es suficiente, así que, sobre la marcha, me metí en Internet y me enteré de que, afortunadamente, está abierto al público, y de que se puede concertar una visita, escribiendo a la Oficina Municipal de Turismo. Yo mandé un correo, sin mucha fe en que me fuera a responder alguien, pero, para mi sorpresa, en un par de horas me llamaron, dándome malas y buenas noticias: las malas noticias fueron que sólo está permitido subir al Faro los jueves y los viernes por la mañana, en alguno de los tres turnos que hay programados, y que estos estaban ya completos para esa semana. Por contra, las buenas noticias fueron que había lista de espera, y que, con 24 horas de antelación, desde la Oficina telefonean a los que han reservado plaza, para asegurarse de que finalmente acudirán a la cita, de manera que tiran de la lista de espera si hay bajas. Me pareció que la cosa estaba muy bien organizada, y me quedé expectante, ante la posibilidad de que surgiera un hueco. Por suerte, todo salió a pedir de boca, y al día siguiente contactaron conmigo de nuevo, para decirme que el jueves se habían producido vacantes en el primer turno, y que teníamos la oportunidad de cubrirlas, si queríamos. Por supuesto, accedí sobre la marcha, de manera que el jueves, sin habernos asomado aún a las playas de Chipiona, nos dirigimos a su famoso Faro, con la intención de verlo por dentro, lo cual cuesta 5 euros por persona, si se tienen siete años o más (si no, es gratis).


La pasada primavera tuve la suerte de subir a otro mítico faro andaluz, el de Cabo Trafalgar. Este se encuentra aún en uso, como el de Chipiona, pero además es uno de los últimos de España que tiene farero. El mismo es primo segundo de mi madre, y dado que está a punto de jubilarse, y que el Faro de Trafalgar pasará en breve a ser automático, pues en abril aceptamos su invitación y estuvimos viéndolo en petit comité. 

Esta visita ha sido diferente, aunque no por ello ha dejado de ser muy ilustrativa. La estructura de ambos faros es similar, dado que su torre cilíndrica está posada sobre un edificio de forma cúbica, concebido para ser la vivienda del farero. En el de Trafalgar, en ese anexo siguen residiendo mi tío y su mujer, de manera que esa casa sí pudimos verla. En el de Chipiona, por contra, el recorrido comenzó en el hall, que es un patio con un aljibe, y desde ahí subimos arriba directamente, sin pasar a las estancias. No obstante, me hago una idea de cómo es lo que no se ve.



En el Faro de Trafalgar la visita la encabezó el propio farero, como es lógico. En el de Chipiona, fue un guía el que nos acompañó, mientras nos contaba cosas muy interesantes.

Lo que más me impresionó del Faro de Chipiona es que es el más alto de España (69 metros) y uno de los que alcanza más altura en Europa. Tardó cuatro años en construirse, bajo las órdenes del ingeniero Jaime Font, y empezó a funcionar el 28 de noviembre de 1867. Es, por tanto, historia viva. En 1946 el sistema se electrificó, y desde 1963 es un faro aeromarítimo, ya que su haz de luz ilumina horizontal y verticalmente, por lo que es útil para barcos y también para aviones. Su señal se ve a 45 kilómetros. Desde su inauguración, solo ha dejado de funcionar, de manera temporal, en 1898, debido a la Guerra de Cuba, así como durante los tres años de la Guerra Civil.


Subirlo cuesta trabajito, ya que, por su fuste, se eleva una auténtica escalera de caracol. Mientras se ascienden los 322 escalones (344, según otras fuentes, yo no los conté), puede uno fijarse en que el material empleado para la edificación es piedra ostionera local. Esta también fue la que se usó para construir los corrales de pesca. 


Pese al esfuerzo, las niñas subieron sin problema, y hubo un par de padres, en nuestro grupo de visita, que ascendieron con sus hijos a hombros, lo cual fue una proeza. El premio era llegar arriba, donde las vistas merecieron la pena. El pueblo, la costa con sus corrales, así como el propio fondo rocoso de las playas, lucen preciosos desde las alturas. Tuvimos tiempo de sobra para mirar, con total tranquilidad, en todas las direcciones.





Me gustó lo de buscar, desde las alturas, el lugar donde se encuentra el barco chipriota que, desde 1994, yace varado en la entrada del Río Guadalquivir. Iba cargado de arroz, encalló en la arena, se partió, costaba más sacarlo que dejarlo donde está, y ahí sigue, formando ya parte del paisaje. No sabía de su existencia, pero, en efecto, se divisa a lo lejos.


Arriba, también se puede observar con calma la maquinaria del Faro.



Me encantó ver el Faro de Chipiona, otro monumento andaluz indispensable que puedo dar por visitado, con todas las de la ley.




Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado FARO DE CHIPIONA.
% de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Cádiz: 66'7%.
% de Maravillas de Andalucía visitadas: 31'4 %.


12 de julio de 2016

CHIPIONA 2016

Chipiona es el perfecto ejemplo de lugar donde había estado, pero cuya visita no podía considerar válida al 100%, de cara a mis retos. En efecto, en 1998 llegué a la población el sábado de carnaval, al caer la tarde, salí por el pueblo disfrazado y pasé varias horas en pleno ambiente festivo, me acosté de madrugada, en casa del amigo de un amigo mío, dormí un poco, me levanté pronto, y a media mañana ya estaba camino de Sevilla. Estuve en Chipiona, pero ni siquiera recordaba haber visto su emblemático Faro.

Tenía pendiente volver a Chipiona, para conocer realmente el pueblo, y este mes de julio de 2016 por fin he visto el momento de ir a pasar unos días en la localidad gaditana, donde encontramos un sitio perfecto para echar un fin de semana largo. Así, alquilamos un apartamento en una urbanización con piscina privada, que está situada junto al Faro, cerca del centro, y a unos minutos, también, de la Playa de Regla.


Pasar cuatro días en un lugar como Chipiona da para mucho, por lo que hemos podido ver el pueblo en diversos estados y momentos. Dada la ubicación de nuestro apartamento, nos hemos movido todo el rato por la parte de la costa que va, desde el extremo norte de la Playa de Regla, hasta el Puerto Deportivo-Pesquero. También por la zona inmediatamente contigua a ese litoral, que se considera el centro de Chipiona.


De entre los lugares destacados que hemos visto, sobresale el Faro de Chipiona, que es santo y seña de la población (con permiso de Rocío Jurado). De él hablaré en otro post, puesto que era un objetivo en sí mismo, al estar integrado en el reto Monumentos de Andalucía. Además, hemos explotado, igualmente, todas las playas del pueblo, dado que a lo que veníamos era a bañarnos, sobre todo Ana, a cuya piel atópica en verano le viene muy bien el agua marina. Eso sí, hemos descubierto sobre la marcha que las playas de Chipiona que dan al noroeste, que son la Playa de las Canteras y la Playa de la Cruz del Mar, tienen el fondo de roca, quedando este al aire cuando la marea desciende. El jueves por la mañana bajamos a la primera de ellas, que era la más cercana al apartamento, y nos encontramos conque meterse en el mar no era posible. Luego, el viernes fuimos hasta la segunda, que la tarde anterior y con la marea alta había lucido muy arenosa, y vimos de nuevo que bañarse en condiciones era una tarea harto difícil. Afortunadamente, en horario vespertino hemos estado yendo a la Playa de Regla, que es la que da al suroeste, la cual, de cara a los remojones, ya ha sido diferente.


No obstante, a la hora de juzgar las playas chipioneras no solo se debe hablar de su aspecto natural. Chipiona es uno de los puntos neurálgicos del playismo sevillano, por lo que el aspecto humano también ha de salir a relucir, sin más remedio, cuando uno menciona sus arenales, sobre todo la Playa de Regla, que por ser la mejor es donde se concentran más personas. Al ir a Chipiona en pleno mes de julio, tenía ganas de ver el pueblo en su momento álgido, incluido su litoral masificado, aunque el precio a pagar fuera alto. Sin embargo, la Playa de Regla estaba bien el jueves, y el viernes por la tarde, aunque ya estaba más llena, no resultó desagradable. El sábado, cogimos el coche y salimos fuera del casco urbano (en concreto, fuimos a la Playa de las Tres Piedras), pero el domingo por la mañana sí decidimos bajar de nuevo a la Playa de Regla, y aquello fue alucinante. En pocas ocasiones había visto tal gentío en una playa. Siendo sevillano, he oído hablar tanto de Chipiona en verano, que me alegré de presenciar lo que hay con mis propios ojos. A pesar de eso, una vez que he vivido la experiencia, no creo que me vuelvan a pillar en la población gaditana en un fin de semana de julio o de agosto.

Aparte, es menester decir que, desde un punto de vista ajeno al baño, la Playa de las Canteras y la Playa de la Cruz del Mar me sorprendieron gratamente. En realidad, ambas tienen el suelo de roca, como he dicho, pero, pese a no permitir los chapuzones normales, presentan una particularidad que las hace casi únicas, que es que dan a ellas varios corrales de pesca. Los mismos son unos recintos artificiales, que están construidos sobre la zona rocosa. Esos espacios están delimitados por unos muritos, fabricados con piedras porosas. Estas, mezcladas con escaramujos, ostiones, lapas, algas marinas y otras especies, forman una argamasa compacta, que permite levantar sólidas paredes impermeables. Gracias a ellas, se crean los corrales, que se comunican con el mar por medio de una serie de caños, que cuentan con unas rejillas en los extremos y se ubican en los muros. Cuando la marea sube, el agua pasa por encima de los muritos y llena los corrales, pero al bajar, los recintos se vacían por los caños, impidiendo las rejillas que salgan los peces.


Cuando la marea está baja, el baño es imposible en las playas donde hay corrales, pero pasear por ellos es factible y muy interesante.


Desde la terraza del apartamento se veía bien el extremo del corral que está más al oeste, llamado Corral Nuevo. En el término municipal chipionero se conservan nueve corrales, y cuatro de ellos están en la zona urbana. Es una atractiva particularidad de esta localidad.

Al margen de las playas, también hemos intentado conocer, en la medida de lo posible, que más ofrece Chipiona. Como he dicho, nos hemos movido bastante por el centro, y hemos podido saborear el ambiente del pueblo en varios momentos. Así pues, el jueves y el viernes por la mañana, al ir al supermercado y a desayunar, vimos de qué manera respira la gente en los días laborables, en tareas y en entornos menos turísticos. En el otro extremo, tampoco faltaron los paseos nocturnos por la Calle Isaac Peral, que en verano parece ser un auténtico hervidero, los viernes y los sábado por la tarde-noche, cuando la masificación llega a ser excesiva.


Algo más relajado resultó el paseo nocturno del miércoles, que nos llevó, por la Calle Larga, hasta la Plaza Andalucía. Más adelante, esta calle entronca con la Calle Isaac Peral, pero un poco antes se respira en ella un ambiente menos multitudinario. Nosotros nos sentamos a tomar algo en el Restaurante Plaza Nueva, que tiene sus mesas en la mencionada Plaza Andalucía. Esta es el típico lugar perfecto para ir con niños, ya que no circulan coches por allí, y sí hay espacio para que jueguen sin peligro, en un entorno más o menos tranquilo.


Menos agradable me resultó la cena del viernes, ya que ahí sí decidimos pararnos en el meollo de la Calle Isaac Peral, donde es difícil, incluso, encontrar una mesa libre. Al final, cenamos en el Restaurante Bar La Pañoleta, que forma parte del Hotel La Española, y que existe desde 1961, parece ser. La calidad de la comida fue buena, pero la relación calidad-precio-cantidad no estuvo demasiado equilibrada. El precio fue alto y la calidad aceptable, pero la cantidad resultó ser excesivamente baja (y no soy yo de los que disfrutan cebándose).

De cara a ver, de primera mano, cómo es la vida estival en Chipiona, los paseos por la Calle Isaac Peral, por el trozo de paseo marítimo al que desemboca esta (llamado Paseo Cruz del Mar), y por los alrededores del Castillo de Chipiona, me han dado una idea de cual es el ambiente vespertino en el centro. Por otro lado, los ratos de playa me han permitido contemplar el entorno en horario diurno. Debido a ello, me voy de esta emblemática población de veraneo con un buen sabor de boca, ya que la masificación comentada se diluye, un tanto, por el carácter de la localidad. En efecto, no es Chipiona el típico núcleo de costa prefabricado para turistas. Es un pueblo, en el que se respira vida real, y eso se agradece. Incluso, los foráneos parecen sentirse parte de aquello, y, además, sin problema tiene uno a mano bares, negocios y servicios que no son estacionales.

Aparte, Chipiona cuenta con un par de puntos que son realmente vistosos. El primero que yo destacaría lo hemos atravesado varias veces al pasear. Es la Plaza del Molino, que da a uno de los flancos del Castillo, así como a una escalinata que baja a las Playa de las Canteras. Es un sitio muy cuidado y muy pintoresco. El otro enclave chipionero digno de mención es el que forman la Plaza de Juan Carlos I y la Calle Fray Baldomero González. Esta última es una bocacalle de la Calle Isaac Peral. Con respecto a la peatonal plaza del rey emérito, la misma es la más atractiva que vimos. A ella se asoman el Ayuntamiento, la Parroquia de Nuestra Señora de la O y la Ermita del Cristo de las Misericordias. Allí nos tomamos una cerveza, el sábado por la noche, en el Bar Placita Iglesia. La masiva presencia de gente, que hay en zonas colindantes de la población, no se respira tanto en esa plaza, que tiene, además, bonitos edificios. Nosotros entramos en la Ermita del Cristo de las Misericordias.


En definitiva, tenía pendiente desde hace años volver a Chipiona, para conocerla realmente, de cara al reto Municipios de Andalucía. Ya lo he hecho, y por fin le ha sacado gran parte de su jugo a esta famosa localidad costera de la provincia de Cádiz.



Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado CHIPIONA.
En 1998 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Cádiz: 15'9% (hoy día, confirmada ya esta visita, 50%).
En 1998 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 3'3% (hoy día, confirmada ya esta visita, 18'9%).


6 de julio de 2016

VILLAMANRIQUE DE LA CONDESA 2016

Villamanrique de la Condesa es un pueblo sevillano de unos 4.500 habitantes, que todos los años es atravesado por la popular Romería de El Rocío. 3 kilómetros antes de llegar a Villamanrique, los romeros rocieros se encuentran con el célebre Vado del Quema. El mismo es el punto por el que cruzan el Río Guadiamar las hermandades, que, viniendo del este, se dirigen a la aldea onubense de El Rocío (se llama Vado del Quema, porque ese vado se halla en una finca llamada Quema). Tras llegar a Villamanrique de la Condesa, el camino pasa por el centro de la localidad y continúa en dirección a su destino, adentrándose al poco en la provincia de Huelva. Villamanrique es, por tanto, el último municipio de la provincia de Sevilla por su lado suroeste, y está a las puertas del Parque Nacional de Doñana. 

Yo nunca he tomado parte en la Romería de El Rocío, y he de reconocer que la zona de Andalucía que atraviesa esta peregrinación es casi desconocida para mí. Quizás por eso, me apeteció la idea de ir a correr por el tramo de el camino que ronda Villamanrique. Eso es lo que hice ayer. De todas formas, no fue algo que hiciera en plan solitario. Fui con compañía. El caso es que, desde marzo de 2014 pertenezco al Club Atletismo Guadiamar, que ahora está radicado en Sanlúcar la Mayor. Su alma mater es Fran Castillo, un máquina que en 2001 llegó a hacer 2h27 en maratón. También tiene 1:08 en media maratón, y la cantidad de carreras populares que ha ganado, y que sigue ganando, es innumerable (ahora ya no suele vencer, normalmente, en las pruebas cortas más explosivas, pero en trails y en ultramaratones es durísimo de pelar). El tema es que Fran, no solo trabaja y saca tiempo para entrenar incansablemente, sino que además dirige la escuela de atletismo del club, colabora en la organización de carreras y, desde hace poco, organiza quedadas solidarias por su cuenta. En estas, diseña recorridos atractivos, tira de los contactos que ha hecho con los años en el mundo del atletismo, para conseguir participantes, y pone el evento a disposición de alguna asociación benéfica o similar, con el objetivo de sacar algo de dinero para algún fin solidario. En esa línea, el 2 de octubre ha organizado una ruta, en la que está previsto que la gente vaya corriendo de Villanueva del Ariscal a El Rocío.


Yo no estoy en condiciones de darme semejante paliza sin que haya consecuencias (podría hacerlo, pero luego tendría que estar un mes a medio gas, y no me apetece), pero me he ofrecido a echar una mano en bicicleta, que también hace falta. La quedada está organizada para que haya varios puntos de apoyo a lo largo del trazado, de manera que hay gente que va a poner ciertos avituallamientos. Igualmente, eran necesarias un par de personas que hicieran el trayecto en bici, ayudando a los corredores con un poco más de movilidad. Yo seré uno de esos ciclistas que den soporte. Hacer la ruta en bicicleta no será moco de pavo, pero me resultará menos duro que ir corriendo, y podré poner mi granito de arena.

El caso es que, como no conozco el recorrido y tengo que tenerlo claro para hacer de apoyo, quedé ayer con Fran para que me enseñara parte del mismo, apenas tres días después de haber disputado la Carrera Nocturna de Camas. Así pues, a las 19'15 tiramos en dirección a Villamanrique de la Condesa, y a las 19'55 ya estábamos corriendo, pese al calorazo que hacía. Además de Fran, también vinieron conmigo Carlos López e Iñaki del Río. Este último es el menos bueno de los tres, e hizo 3h13 en el último Maratón de Sevilla, por lo que, desde el principio, ya sabía que, con semejantes compañeros, me esperaba un entrenamiento más que intenso.


Desde Villamanrique, primero nos encaminamos al Vado del Quema, y al llegar a él nos volvimos al pueblo, lo atravesamos, y avanzamos un buen trecho hacia delante, siguiendo la pista que transitan las carretas cuando hacen la Romería de El Rocío. En un momento dado, dimos la vuelta y acabamos de nuevo en el punto de partida. En total, fueron casi 15 kilómetros en 69 minutos. Una tirada así es bastante potente para mí. Lo bueno es que nunca había estado en Villamanrique de la Condesa, y como aparcamos en su mismo meollo, pude echarle un ojo a la Plaza de España, donde están la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena y el edificio del Ayuntamiento. En esa céntrica plaza también hay un par de bares, y en uno de ellos (el Bar Doñana) nos tomamos, tras el entrenamiento, un par de cervezas, que nos ayudaron a reponer fuerzas.

En definitiva, intenté memorizar el tramo del itinerario por el que corrimos, y en octubre seguro que volveré a pasar por Villamanrique. Mi idea es aprovechar la iniciativa en la que estoy metido, para sacarle a esta población algo más de jugo.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado VILLAMANRIQUE DE LA CONDESA.
% de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 61%.
% de Municipios de Andalucía ya visitados: 18'9%.


2 de julio de 2016

CARRERA NOCTURNA CAMAS 2016

Bajé a Camas un par de días después de disfrutar de la apacible velada en Sanlúcar la Mayor, con la idea de cambiar el agradable reposo de una noche de verano con concierto, por el esforzado placer de correr una carrera nocturna.

No ha sido la Carrera Nocturna Camas la de mi debut en el pueblo natal de Sergio Ramos y de Curro Romero. Muy al contrario, la primera vez que competí fuera del municipio de Sevilla, allá por el año 2001, lo hice en Camas. Aquella fue mi quinta carrera. La de ayer fue la 187. En medio, he corrido en Camas otras cuantas veces. En efecto, en tres ocasiones he disputado la Media Maratón Villarrana, y en otras dos participé en el Memorial Pepe Flores, cuando este era una cita aparte (ahora, el memorial es la propia Media Maratón Villarrana). Desde ayer, ya puedo añadir a mi historial la participación en la edición inaugural de la Carrera Nocturna Camas. Ojalá que el evento cuaje.


La nueva nocturna tiene todo lo bueno y todo lo malo de las carreras en Camas. En lo que a aspectos negativos se refiere, hay que reconocer que este pueblo no tiene ninguna zona que destaque por su belleza. La prueba, por tanto, no tiene nada de pintoresca. Además, el comienzo y el final de la misma están situados junto al Pabellón Cubierto Pepe Flores, que se encuentra en uno de los extremos de la población, rodeado de descampados llenos de jaramagos por tres de sus cuatro lados. Nada de eso, sin embargo, fue una sorpresa. Ya conocía Camas y sus puntos negativos, y sabía, igualmente, que, desde una perspectiva más positiva, me iba a encontrar escasas cuestas y un ambiente muy animado, como corresponde a una carrera nocturna veraniega. Hay que agradecer, también, que la organización hiciera que el recorrido atravesase entera la larga calle principal de la localidad, que no es demasiado vistosa, como he dicho, pero que es la más imponente, lo que le da empaque a la cita (las pruebas proscritas pierden bastante encanto). El Pabellón Cubierto Pepe Flores, para acabar, es una construcción llamativa y moderna, y gusta que el inicio y la meta de las competiciones tengan como marco edificios así.

Desde el punto de vista deportivo, por otro lado, la carrera estuvo muy bien. Contó con unos 300 participantes, la organización fue buena y el recorrido tuvo pocas trampas. Personalmente, logré correr los 7.150 metros en 28:25, a una media de 3:58 el kilómetro, a pesar del calor y de la paliza de día que llevaba. Salí muy fuerte, por lo que tuve que bajar un poco el ritmo en los últimos 2 kilómetros y pico, pero me mantuve estable, no sufrí hundimientos, y acabé contento.


Me quité el gusanillo de competir, que de eso se trataba realmente. Acabé el 68 de 292 participantes. Fue otra carrera disfrutada.


Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en CAMAS.
En 2001 (año de la primera carrera corrida en Camas), % de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que había corrido una Carrera: 1'9% (hoy día 34'2%).

Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 187.
% del Total de Carreras a completar: 18'6%.


1 de julio de 2016

SANLÚCAR LA MAYOR 2016

Antes de mudarme a Villanueva del Ariscal, en 2008, ya había ido a Sanlúcar la Mayor tres o cuatro veces, siempre a comer. Desde que vivo en el pueblo vecino, acercarme allí para las cosas más variopintas ha sido algo habitual. No en vano, con sus más de 13.000 habitantes, Sanlúcar la Mayor es cabeza de partido judicial y se ha convertido en un punto clave del Alto Aljarafe (está apenas a 18 kilómetros de la ciudad de Sevilla, por lo que pertenece a la segunda corona metropolitana de la capital).

Esta vez, sin embargo, la razón de ir a Sanlúcar fue novedosa, y nos hizo pasar la velada en el corazón mismo de la población. Llevaba sin ir a ningún lugar especial desde que volvimos de Cazalla de la Sierra, a mediados del mes de junio. Por eso, agradecí el rato en Sanlúcar. Esta es una localidad que está bastante cerca de Sevilla, pero que se encuentra lo suficientemente alejada, como para conservar su encanto, de manera que no se ha convertido en un pueblo dormitorio. Además, tiene un bonito patrimonio, ya que es un importante emplazamiento en la zona del Aljarafe sevillano desde época musulmana.


El centro neurálgico del pueblo es la Plaza Virgen de los Reyes. Allí se celebró, ayer por la noche, el concierto de inauguración del X Festival Nacional de Música Noches de San Pedro. Las demás actuaciones serán en el patio de la Iglesia de San Pedro y costarán 3 euros, pero la inaugural se organizó en la plaza principal de Sanlúcar y fue gratis. El ambiente fue entrañable.


El concierto estuvo ejecutado por el Proyecto LUNA. Los integrantes de dicho proyecto, conformado por una orquesta y por un coro de niños, interpretaron la obra Madre Naturaleza, que está compuesta por el sevillano Miguel Bezanilla-Naranjo. Para ella, Francisco Ledesma Brito ha adaptado el texto que cantó el coro, de manera coordinada con la música y con los dibujos que se mostraban en una pantalla gigante. Estos los habían hecho los niños que cantaban, y estaban relacionados con la historia que la letra iba contando.


El marco de la Plaza Virgen de los Reyes fue el lugar perfecto para que se desarrollara el concierto. En dicha plaza está el Ayuntamiento de Sanlúcar la Mayor, la Biblioteca Pública Juan Ramón Jiménez, la Iglesia de Santa María, y a ella desemboca la Calle Real. Es, por tanto, el meollo de la población.


Desde noviembre de 2016 el casco antiguo de Sanlúcar la Mayor es Bien de Interés Cultural, con la categoría de Conjunto Histórico. Ello se debe a que la población destaca por su bien conservada trama urbana de origen medieval, así como por sus valores paisajísticos. El conjunto histórico comprende un área de 54'6 hectáreas, que abarca todo el núcleo urbano desarrollado desde el siglo XII hasta principios del XX.

Es seguro que seguiré yendo a Sanlúcar la Mayor en muchas ocasiones, para las cosas más variadas, pero el pueblo se merecía también esta pequeña reseña, que pusiera de relieve la belleza de su centro.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado SANLÚCAR LA MAYOR.
En 2001 (primera visita), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Sevilla: 11'4% (hoy día 60%).
En 2001 (primera visita), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 5'1% (hoy día 18'8%).