30 de noviembre de 2021

MEDIA MARATÓN ENTREPARQUES 2021

Al final, entre unas cosas y otras me presenté en la salida de la Media Maratón Entreparques La Rinconada sin haber participado en ninguna carrera en el último mes y medio. Eso, unido a que llevaba casi tres años sin disputar una media, hizo que estuviera un poco nervioso. En las dos pruebas que corrí en septiembre, así como en la de principios de octubre, ya comprobé que el largo parón competitivo a causa de la pandemia no me había castigado en exceso, pero desde el día de la Carrera Popular Nervión San Pablo, el 3 de octubre, no había vuelto a ponerme un dorsal, por diversas circunstancias. Eso implica que llegué a San José de la Rinconada con mi rodaje habitual en las piernas, aunque sin haber hecho esfuerzos intensos desde entonces.

Como digo, estaba nerviosillo, pero todo ayudó a que me fuera tranquilizando poco a poco. En efecto, la mañana de finales de otoño salió preciosa, hacía frío, aunque no demasiado, el cielo estaba despejado y el ambiente en el Parque Las Graveras, donde se dio la salida, era muy cordial. Yo había elegido participar en esta media porque se que el municipio de La Rinconada es llano. Además, como ya he contado en este blog, a lo largo de 2020 y de 2021 he ido a San José de La Rinconada varias veces a ver los partidos que el Real Betis Féminas ha jugado en el Estadio Municipal Felipe del Valle. Ahora está la cosa mejor, pero durante los meses duros de la pandemia, en los que estábamos confinados en nuestros pueblos y ciudades, las excursiones a San José a ver al Betis Féminas fueron como un bálsamo. Por ello, un lugar que en principio no ofrece mayor atractivo, se ha convertido en un sitio entrañable para mí. De repente, la posibilidad de competir allí no solo tenía alicientes deportivos, sino también sentimentales.

En consecuencia, mi regreso al mundo de las carreras de 21.097 metros lo planeé para el pasado fin de semana. La tercera edición de la Media Maratón Entreparques La Rinconada estaba llamada a ser mi cuadragésima media completada. Ahí es nada.


He de reconocer que me costó un poco encontrar el Parque Las Graveras. Al buscarlo en Google Maps me dio la sensación de que estaba más cerca de San José de la Rinconada, pero resulta que es casi un parque periurbano. Realmente, está junto a un polígono industrial, que está junto a las vías del tren, que a su vez dan por el otro lado a las casas de San José, por lo que el parque no está aislado, ni mucho menos. Sin embargo, sobre el terreno parece estar en mitad de la nada. En cualquier caso, a la hora de correr su ubicación no solo no fue un problema, sino que le sumó atractivo a la cita.

Con respecto a la carrera en sí, a mí me encantó. El trayecto, nada más abandonar el Parque Las Graveras, se dirigió hacia el oeste, cruzó San José de la Rinconada en línea recta, salió por el lado opuesto, transitó por un tramo interurbano de un par de kilómetros, atravesó La Rinconada, salió por el noroeste de esta población, y tras recorrer por un camino otro trozo que discurría entre naranjos, llegó al Parque El Majuelo. El mismo sí parece ser interurbano del todo, bordea el Río Guadalquivir y nos lo pateamos de extremo a extremo. Lo de avanzar un buen rato por el margen del rio me gustó mucho. 


Al entrar en el Parque El Majuelo abandonamos el primer trecho no asfaltado de la carrera. Después de recorrer los dos kilómetros bordeando el Río Guadalquivir, nos separamos de él y emprendimos la vuelta. Regresamos al punto de partida, pero el trayecto no fue exactamente el mismo. No desandamos nuestros pasos, salvo por el tramo interurbano entre La Rinconada y San José. Tras llegar a esta pedanía otra vez, tiramos por dentro hacia el norte y luego hacia el este. Reconocí en esa parte de la prueba varios sitios por los que estuve cuando fui a ver al Betis. A continuación volvimos a abandonar la población, en esta ocasión por el norte. Este último trozo de la media transcurrió de nuevo por caminos, que como los anteriores, estuvieron en buen estado. En él, fuimos bordeando la vía del tren por un lado, la pasamos por arriba y retornamos por el otro en sentido opuesto, buscando ya el Parque Las Graveras. A la ida habíamos atravesado la línea ferroviaria por abajo y a la vuelta lo hicimos por un puente.

La carrera tuvo campo y tuvo asfalto, atravesamos parques y también zonas urbanas céntricas, tanto de La Rinconada, como de San José. Que el recorrido fuera tan diverso me encantó.

A nivel deportivo, el sabor de boca fue igualmente bueno. Como he dicho al principio, antes del pistoletazo inicial estaba nervioso, pero la intranquilidad desapareció cuando me vi corriendo. 


El primer mil lo hice en 4:19. Como iba decidido a rondar los 4:25-4:30 de media, tras ese arreón inicial bajé un poco la intensidad y me acomodé en un ritmo exigente, pero sostenible. Hasta el kilómetro 7 fui siguiendo la estela de varios corredores que, sin ir juntos, marchaban más o menos a la par. Por alguna razón, desde muy pronto se abrió un hueco enorme detrás de mí. Eso no impidió que me fueran alcanzando algunos máquinas que venían más rápidos desde lejos. Sin embargo, fui solo mucho rato. En el kilómetro 7, justo cuando acababa de entrar en el Parque El Majuelo, se me desató un cordón. Juré en arameo, pero no tuve más remedio que pararme a atarlo. Era imposible correr así todo lo que me quedaba. Después de solventar el imprevisto intenté recuperar el tiempo perdido, y realmente creo que logré minimizar la pérdida en parte, sin cebarme demasiado. En el kilómetro 10 marqué 44:18. Iba a 4:26 de media, por lo que el plan marchaba conforme a lo previsto.

Hasta el 12 fui controlando los parciales al pasar por los puntos kilométricos, pero ahí empecé a ver que el ritmo, tras cubrir el primer diezmil, había empezado a bajar de 4:30 el mil. Por ello, sin dejar de ir a tope, me olvidé del crono y me concentré en guiarme por las sensaciones, más que por lo segundos. Ya me estaba empezando a notar exigido y me asaltaron los miedos por un posible pinchazo. Por suerte, este no solo no llegó, sino que empecé a ver que, conforme avanzaba, poco a poco le iba comiendo terreno a otros corredores que habían ido delante mía largo rato. Pasé el kilómetro 16 en 1h11:05 y en ese momento sí miré el reloj. Con un rápido cálculo aproximado comprobé que, yendo más o menos a 4:30, iba a lograr bajar de 1h35, que era mi objetivo. Lo vi factible y me vine arriba. Tanto, que finalmente marqué en meta 1h33:31. En realidad, toda la carrera me mantuve muy estable: a 4:26 me salió la media de los primeros 10.000 metros y a 4:26 me salió también la final. Entré en el simbólico puesto 100. Acabaron la prueba 376 personas. 

En definitiva, me fui de La Rinconada feliz. Me gustó la carrera y encima sigo comprobando que los meses de inactividad competitiva no me han pasado factura. Estoy en el mismo estado de forma que en 2019, pero con tres años más. No me puedo quejar.


Reto Atlético 1.002 CARRERAS
Carreras completadas: 230.
% del Total de Carreras a completar: 22'9%.

Reto Atlético PROVINCIA DE SEVILLA 105 CARRERAS
Completada Carrera en LA RINCONADA.
% de Municipios de la Provincia de Sevilla en los que he corrido una Carrera: 37'1%.

Reto Atlético 102 MEDIAS

Medias Maratones completadas: 40.
% del Total de Medias Maratones a completar: 39'2%.

Reto MEDIAS DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Completado Media Maratón en la PROVINCIA DE SEVILLA.
En 2001 (año de la primera Media corrida en la Provincia de Sevilla), % de Provincias en las que había corrido una Media: 1'8% (hoy día 24'5%).


23 de noviembre de 2021

PLAZA DE TOROS DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE SEVILLA 2021

La Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería es el cuarto monumento más visitado de Sevilla. Cuando me enteré de eso me pareció una pasada. Como expliqué en el post dedicado a El Puerto de Santa María, que escribí el pasado verano, no soy aficionado a los toros. En dicho post ya expliqué cual es mi postura con respecto a la llamada fiesta nacional, así que no me voy a repetir. Ahora solamente voy a añadir que nunca he ido a una corrida a la Maestranza y que no se me había pasado por la cabeza entrar en ella, en plan turista, hasta que vi que está incluida en la lista de maravillas de Andalucía que yo tomé como referencia para fijar mi propio listado de los lugares de imprescindible visita en la comunidad. No obstante, ni siquiera entonces consideré como una prioridad el ir a conocer el recinto taurino. Por ello, han pasado los años y hasta hace poco no caí en la cuenta de que estos tiempos que corren, en los que me está resultando tan difícil que mis retos relativos a los viajes progresen, podían ser perfectos para tachar la Maestranza de mi lista de pendientes. No en vano, me queda a tiro de piedra. Ahora que a duras penas puedo moverme de casa, es sin duda un buen momento para adelantar los retos, explorando cosas que son de mi entorno y que ya quedan visualizadas para siempre. En ese sentido, desde hace unas semanas estaba ojo avizor, para ver cuando surgía la oportunidad perfecta para ir al coso taurino sevillano. Estaba claro que, en este caso, tenía que buscar una coyuntura en la que pudiera hacerlo solo, porque, aunque María es mi más fiel acompañante en la gran mayoría de las correrías turísticas que invento, se donde están sus límites, y lo de echar una mañana del fin de semana viendo una plaza de toros, así por la cara, los sobrepasa todos. Por otro lado, aprovechar alguna de las veces que viene a Sevilla nuestra amiga Ruth tampoco era una opción. Ella viene a vernos a nosotros, pero aún así a menudo aprovechamos cuando está aquí para continuar profundizando en las maravillas de la ciudad. Pese a esto, meterla en una plaza de toros, al igual que pasa con María, se que tampoco es una posibilidad. En consecuencia, estaba esperando a verme en Sevilla capital, sin compañía y echando el rato. No parecía fácil encontrar el hueco, pero el mismo apareció el pasado domingo, antes incluso de lo esperado.


En efecto, el domingo se juntaron una serie de factores que favorecieron que yo tuviera que gastar en soledad un par de horas en Sevilla. Por desgracia, a mi padre lo han operado por tercera vez en cuatro años y, si bien las otras dos veces lo intervinieron en Alcorcón, esta vez la operación ha sido cerca de casa. El caso es que el martes 16 pasó por el quirófano y todo salió a las mil maravillas, pero ahora está en el hospital y entre mi hermana y yo estamos acompañándolo a la hora de dormir. La noche del sábado me quedé yo con él, y a eso de las once de la mañana vino mi madre a darme el relevo. A esa hora me fui, pero, dado que iba a comer en Sevilla, en casa de mi suegra, no tenía sentido irme al pueblo para tener que volver a bajar casi de inmediato. Por ello, me fui a dar un paseo por el río, aprovechando que la mañana se había quedado muy bonita. En esas estaba cuando, al llegar al Paseo Colón, se me encendió la bombilla. Era el día. Estaba en el sitio apropiado y en las condiciones precisas. No lo dudé. Me puse en la cola como un turista más y entré a ver la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.


La visita fue para mí como un bálsamo. Incluso yendo con calma, la plaza se ve en 45 minutos. Yo estuve dentro más de una hora. La racha está siendo complicada y fue muy gratificante echar ese rato relajado haciendo turismo, aunque fuera en mi propia ciudad. Ni que decir tiene que el edificio me gustó. Es bastante grandioso y por dentro está impecable.



En su interior, además de ver parte de las dependencias de la plaza, se visita el Museo Taurino, que se inauguró en 1989. 


Lo bueno que tuvo el Museo Taurino fue que no me recordó a la parte desagradable de las corridas, que es un espectáculo que no me agrada, sino a lo que sí me atrae de ellas, es decir, a su vertiente histórica decimonónica y de principios del siglo XX, que es un tanto folklórica. Esa imagen amable que desprende el espacio museístico se debe a que está más enfocado a la figura de los toreros, que a la de los morlacos. No hay reminiscencias sangrientas, quizás para que la visita no choque a los extranjeros. Como no podía ser de otro modo, hay algunas cabezas de toros colgadas, así como un par de ejemplares completos, muy bien disecados. 


Sin embargo, son pocos y no resultan chocantes. En ese sentido, resulta más desagradable comer en muchos bodegones típicos españoles, que ver la plaza de toros de Sevilla. En contrapartida, dada la ausencia de imágenes cruentas y la escasez de animales muertos, lo que se expone es un amplio muestrario de trajes, capotes, láminas, esculturas, carteles y cosas así. Todo histórico y todo auténtico, como a mí me gusta. 


En el Museo me llamó la atención, por ejemplo, todo el equipo completo del insigne Curro Romero, que además de ser un mito, aún viviente, es uno de los tres toreros a los que yo he visto en acción, en vivo y en directo (fue en El Puerto de Santa María, como ya conté).


También me resultó especialmente llamativo el Busto de Ángel Peralta, que es obra del escultor Luis Sanguino. Ángel Peralta fue un rejoneador sevillano que falleció hace poco. Fue todo un figura, desde los años cincuenta, hasta los ochenta del siglo pasado.


La mayoría de lo que se expone en el Museo Taurino tiene autor, pero a mí no me sonaba ninguno hasta que llegué a la mencionada estatua realizada por Luis Sanguino, que resulta que es primo hermano de mi abuela materna. Aún vive y se trata de un escultor muy afamado. Tanto, que las puertas de fachada este de la Catedral de Santa María La Real de la Almudena de Madrid son obra suya. Yo a él no lo conozco, pero a su ex-mujer sí. De hecho, estuve en su casa una noche de fin de año, hace bastante tiempo. También he estado con su hijos mayores, que son de la quinta de mis padres... o quizás algo más jóvenes. El caso es que me hizo ilusión ver ese busto ahí.

Más allá del museo, lo que mola de la visita a la plaza es que se ven sus entrañas. No se visita todo, eso sí. De hecho, ni la enfermería ni la zona donde se guardan los toros cuando hay corridas están abiertas al público. Sí se ven, en cambio, las cuadras donde se preparan los caballos de los picadores.



También se puede entrar en la Capilla de los Toreros, que es el rincón religioso de la plaza. Al asomarme a ella se me vino a la cabeza un símil, y es que los toreros se me asemejaron un poco a los gladiadores del circo romano. No me resultó muy difícil imaginar a los diestros, rezando en esa capillita, justo antes de salir al ruedo a jugarse el pellejo ante un bicharraco de más de 500 kilos, para entretener a la concurrencia.



Al final de la visita, que es libre, pude salir a la plaza y pisé el albero. Esa es la mejor parte del recorrido, en mi opinión.



Al salir al coso la libertad es total, por lo que se puede ver el ruedo desde la barrera y entrar en los burladeros.




También puede sentarse uno en las gradas, que son capaces de acoger a 11.500 personas, y echar allí un rato de relax. La verdad es que la mañana estaba muy agradable, por lo que yo me pegué sentado, tan a gusto, un buen cuarto de hora.


Para salir del ruedo se hace el recorrido que siguen los toreros que salen a hombros por la puerta grande. En Sevilla, la misma es la Puerta del Príncipe. Yo regresé al interior de la plaza por el callejón que conduce a ella y vi por dentro su portón. 



Luego, al salir del edificio la fotografié también por fuera. La Puerta del Príncipe da al Paseo Colón y, por tanto, es la más emblemática de la plaza,


No cabe duda de que pasé un rato muy entretenido viendo la Maestranza. Al salir, aún tuve tiempo de rodearla. La plaza realmente solo muestra su fachada por el lado sur.
 

El edificio también se puede bordear por el este y por el oeste, pero por ahí la fachada no se asoma a la calle, sino que da a la parte trasera de las casas que sí dan, tanto al Paseo Colón, como al extremo este de la Calle Adriano y a la Calle Antonia Díaz. Por el norte, la plaza ni siquiera está exenta. Por ese lado, está pegada directamente a las casas que dan al tramo central de la citada Calle Adriano, así como a la Calle Gracia Fernández Palacios. 


Lo curioso es que, pese a esto, la plaza sí tiene salida a la Calle Adriano. Lo que sucede es que las puertas de acceso por el norte se encuentran situadas junto a las entradas de las viviendas.


En definitiva, he de decir que no creo que vaya nunca a ver una corrida de toros a la Maestranza, aunque nunca se sabe, pero, en cualquier caso, la mayor parte del edificio en sí lo vi con detenimiento, que es de lo que se trataba.


Reto Viajero MARAVILLAS DE ANDALUCÍA
Visitado PLAZA DE TOROS DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE SEVILLA.
% de Maravillas de Andalucía visitadas en la Provincia de Sevilla: 75%.
% de Maravillas de Andalucía visitadas: 38%.


30 de octubre de 2021

MINAS DE RIOTINTO 2021

El entorno de Minas de Riotinto es un lugar que me produce una gran fascinación. Sin embargo, mis dos visitas anteriores a esa zona habían sido un tanto distraídas, por lo que tenía unas ganas enormes de regresar, para profundizar en los encantos del pueblo y de toda su comarca. Hace unos meses, mi amigo Dani me habló de la posibilidad de ir allí a echar un día del fin de semana y pensé que era una oportunidad perfecta para saldar esa cuenta pendiente. Tendré que volver de nuevo, porque todo lo que puede ofrecer Minas de Riotinto y sus alrededores no se ve en una jornada, pero al menos ya he empezado a explorar el terreno de una manera más consciente. La próxima vez empezaré donde lo dejé el otro día.

Aunque en el presente post quiero empezar haciendo una introducción histórica a lo que voy a contar, con la idea de ponerlo en contexto, no me voy a extender demasiado en los acontecimientos pasados acaecidos en la Cuenca Minera de Río Tinto-Nerva. Hay mucha literatura sobre el tema y creo que en aquí solo es relevante dar unos breves trazos de lo que pasó en esa región a finales del siglo XIX. Lo sucedido tuvo una importancia capital, pero se puede resumir en un par de párrafos. Resulta que la zona que circunda Minas de Riotinto y Nerva es muy rica en pirita, que es un mineral formado por hierro y azufre. Por esa razón, allí hubo actividades mineras ya en la protohistoria. No obstante, fueron los romanos los primeros que aprovecharon los recursos mineros de manera intensa y organizada. Después, en el medioevo la producción no fue significativa, y hasta 1725 no se recuperó el interés por la explotación del territorio. Desde esa fecha, y durante casi un siglo y medio, las minas volvieron a ser trabajadas, unas veces con capital privado y otras gracias a inversiones públicas, pero, aunque hubo periodos de intenso trajín, en muchos de esos años la actividad extractiva avanzó a trancas y barrancas. Finalmente, en 1873 el yacimiento llamó la atención de inversores extranjeros. El despegue industrial que estaba teniendo lugar en el Reino Unido exigía el acceso a nuevas materias primas, de manera que los británicos se fijaron en los recursos piríticos onubenses. La suerte que tuvieron fue que el Estado español estaba canina, por lo que fue sencillo lograr que este le vendiera las minas a un consorcio de capital foráneo, que se denominó Río Tinto Company Limited. Con las mismas en propiedad, los ingleses desembarcaron en Huelva y, además de traer consigo el fútbol, se dedicaron a vaciar el subsuelo todo lo que pudieron. El aspecto desde el aire de la zona en la que faenaron, evidencia que lo hicieron con ahínco, hasta que en 1954 se dieron por satisfechos y se fueron.


Durante el periodo en el que los británicos explotaron las minas, no solo se vio afectado el paisaje natural del entorno, sino también el humano. Es alucinante comprobar como ha quedado el territorio, pero me parece igualmente asombrosa la evolución del poblamiento. El antiguo asentamiento de Ríotinto nació cuando la extracción de las minas se reactivó en 1725, y tenía unos 2.000 habitantes cuando los ingleses las compraron en 1873. Quince años después ya contaba con 7.200 almas. Para entonces, sin embargo, ya no era el único núcleo habitado de la zona, junto con Nerva, que quedaba al este. En efecto, en esa década y media se habían construido ex novo varios barrios, que estaban aislados los unos de los otros, porque servían de base a los trabajadores que se dedicaban a los diferentes menesteres en las excavaciones y se levantaron cerca de donde estos se desarrollaban. Así pues, en 1875 se erigió Riotinto-Estación, en 1876 La Naya, en 1878 Alto de la Mesa, en 1881 El Valle y en 1883 La Atalaya. En ellos se acomodaron los mineros. Para los directivos de la Río Tinto Company Limited y sus familias, en 1881 se construyó Bella Vista. Lo curioso, y lo dramático a la vez, es que, en poco tiempo, la actividad extractiva arrampló con todo lo que encontró a su paso, incluidas las casas de la gente que trabajaba las minas. Así pues, poco a poco estas fueron fagocitando Ríotinto hasta hacerlo desaparecer, y acabaron asimismo con La Atalaya, que es evidente que se había erigido demasiado pegada a Corta Atalaya. Otras aldeas, como La Naya o Riotinto-Estación, acabaron por abandonarse cuando perdieron su funcionalidad. Esto quizás es más normal, pero me impacta lo de que una mina avance tanto en dirección a las poblaciones, que acabe tragándoselas. Por lo visto, la aldea de El Valle fue acogiendo poco a poco a todas las personas que se fueron yendo de los otros poblados y, pasados unos años, cambió su nombre por el actual de Minas de Riotinto. Además, con el crecimiento del nuevo centro neurálgico riotinteño, este se fue uniendo con los demás que sobrevivieron (Bella Vista y Alto de la Mesa, en concreto), que pasaron a ser barrios de ese nuevo enclave principal del municipio. Merece la pena visitar el pueblo teniendo presente esa evolución urbanística.

Por otro lado, también impresiona recorrer la zona explotada, entre otras cosas porque lo que se extraía era pirita, como he dicho, es decir azufre y hierro, que son minerales de un fuerte color amarillo y rojo, respectivamente. Eso hace que el paisaje circundante sea impresionante. Sin ir más lejos, el Río Tinto tiene un aspecto que, si no fuera porque es así de manera natural, entre los tramos rojos y los tramos amarillos daría miedo.



Al principio comenté que yo ya había estado dos veces en el entorno de Minas de Riotinto. La primera fue en 1993. Fui con mis compañeros de curso en una excursión organizada por el instituto en el que estudiaba. Estaba en 2º de BUP, no pasaba por mi mejor momento y aquel día no se puede decir que pasara a la historia para mí. No obstante, vimos el Museo Minero, que llevaba abierto solo un año, y eso sí me gustó. También estuvimos en Corta Atalaya, la mina a cielo abierto más impresionante de la zona. Por último, recuerdo que comimos en un parque de Nerva, el pueblo vecino de Minas de Riotinto. La segunda visita fue en 2006 y ya fue otra historia. En esa ocasión fui con María a ver la Mina Peña de Hierro y luego a andar por el campo, pero en la población no hicimos apenas nada. Mi conocimiento de Minas de Riotinto, por tanto, era manifiestamente mejorable. Ahora sigue siendo incompleto, pero algo hemos avanzado.

En la actualidad, en el pueblo de Minas de Riotinto y en su entorno son cinco las visitas que se ofrecen. Existe la posibilidad de realizarlas todas o solo algunas, pero realmente es muy difícil ver en condiciones los cinco enclaves en un solo día. Yo tengo mucho interés por echarle un ojo de nuevo a Corta Atalaya, pero quiero hacerlo bien y decidí que era mejor dejarlo para otro momento.

Las otras cuatro visitas que se ofertan en la actualidad son a la Mina Peña de Hierro, al Museo Minero, a la Casa Número 21 del Barrio Bella Vista y a todo el territorio explotado, haciendo el recorrido en el Ferrocarril Turístico Minero.


Nuestra jornada empezó en la Mina Peña de Hierro, que en realidad está en el término municipal de Nerva. Al igual que Corta Atalaya, se trata de una explotación a cielo abierto, pero para llegar a ella hay que atravesar un largo túnel. Yo, como he dicho, ya la había visto en 2006. Ahora han mejorado el entorno más inmediato y han construido cerca un cuidado centro de interpretación, donde se ve un video y una pequeña exposición. La visita en sí, sin embargo, es similar. Hay que ponerse un casco, se accede a la galería por la entrada original y se camina por debajo de la tierra unos 200 metros, hasta que se desemboca a la parte de la mina a cielo abierto.



El trayecto por el túnel es horizontal, no se desciende, pero no por ello deja de ser interesante. Luego, la mina a cielo abierto es menos espectacular que Corta Atalaya. El agujero es impresionante, pero los laterales están erosionados, por lo que parece más un cráter que una explotación minera. 


En el fondo del agujero lo que hay es agua, que resulta que es el nacimiento del Río Tinto. En efecto, la corta minera de Peña de Hierro se considera la fuente original de este río tan peculiar y único. Ver el sitio donde nace me encantó.

Al salir de la mina subimos a visualizar el agujero y la corta desde el borde exterior, donde han habilitado un mirador.


Antes de la comida también realizamos lo que, para mí, fue la actividad más interesante del día, que fue la del Ferrocarril Turístico Minero. Para ello nos desplazamos desde Peña de Hierro hasta la estación donde se coge el tren, que está en mitad de la nada. 


El tren recorre dos veces, una para ir y otra para volver, doce kilómetros rehabilitados de la línea férrea que se construyó en 1873, para llevar el mineral desde las minas hasta el puerto de Huelva. La vía seguía en todo momento el curso del Río Tinto.


Me gustó el hecho de poder ir observando desde el tren como la mano del hombre modificó el paisaje. En la primera parte del trayecto vimos la zona más devastada (la que estuvo más trabajada). 



También vimos restos de trenes abandonados y de otras instalaciones. Siempre me han impresionado los sitios de aspecto apocalíptico. La zona donde se acumulaban los viejos ferrocarriles tenía esa pinta.


En la segunda parte del trayecto penetramos en un terreno más arbolado, en el que solo se habían talado los árboles originales y, después, se replantaron pinos para evitar la erosión. El tren nos llevó hasta la Estación de Los Frailes, donde nos pudimos bajar un rato para acercarnos al Río Tinto.




Tras el paseo en tren ya sí nos fuimos hasta el pueblo de Minas de Riotinto. Desde las 16'00 horas podíamos entrar en el Museo Minero, por lo que nos dirigimos allí, con la esperanza de encontrar no muy lejos algún sitio agradable donde comernos los bocadillos que llevábamos. Lo había, pero no lo vimos al principio y, dada el hambre que llevábamos, tampoco buscamos demasiado. Al final, nos acabamos comiendo los bocatas apoyados en un poyete, de una manera un tanto precaria. Por fortuna, luego nos acercamos al bar del Hostal Restaurante Atalaya para tomarnos un café. En su terraza, sí nos sentamos cómodamente.


He de decir que el Museo Minero es uno de los museos que más grata impresión me ha causado en mucho tiempo. No recordaba apenas nada de la visita de 1993 y, por ello, no esperaba encontrarme allí algo tan bien montado. Está ubicado en el edificio del antiguo hospital de la Río Tinto Company Limited y está dividido en 17 salas. 


Yo sabía que me iba a resultar imposible ver bien todas las salas, por lo que fijé mi atención en algunas y dejé otras para el futuro. La número 1 está dedicada a la geología y la 2 gira entorno a una serie de conflictos laborales que se vivieron en Ríotinto cuando la mina estaba dirigida por los ingleses. Tanto esas salas, como las que van de la 3 a la 7, no las vi. Estas últimas son las que están centradas a las distintas civilizaciones que han protagonizado la historia minera de la Cuenca de Río Tinto-Nerva.

Sí vi con detenimiento, en cambio, las salas que van de la 8 a la 17. Las mismas están destinadas a mostrar los artefactos relacionados con la explotación de las minas en la época contemporánea. En ellas se ven algunos cacharros que se asocian con facilidad a las actividades mineras, pero están igualmente expuestos otros que están más relacionados con la vida cotidiana de los trabajadores o con actividades accesorias de la Río Tinto Company Limited. Está montado tras un cristal, por ejemplo, un consultorio médico de la época, con todos sus utensilios. También me encantó ver una imprenta, perfectamente conservada.


La sala 14, está centrada en el Ferrocarril Minero de Riotinto, que era el que llevaba el mineral desde la mina hasta Huelva. En ella se ha montado un andén, y hay una locomotora y un vagón, pertenecientes a la Rio Tinto Railway.


La sala 12 está dedicada a la relación entre el ferrocarril y la mina, desde el punto de vista de la extracción del mineral. Por ello, está recreada a escala real la boca del túnel 16, que fue la galería minera interior más larga de Europa y que unía Corta Atalaya con la zona donde se procesaba lo extraído y donde se montaba en los trenes con destino a Huelva. Allí también se conserva una locomotora eléctrica auténtica, que funcionó desde 1916 hasta 1984.


No obstante, la sala que más interesante me pareció fue la 13, que está dedicada a la incidencia en el territorio de las explotaciones mineras. En ella se exponen unas magníficas maquetas que muestran, de una manera meridianamente clara, como fue la evolución de la zona desde que se empezó a extraer mineral de su subsuelo hasta nuestros días. En las reproducciones se aprecia a la perfección como las cortas se fueron agrandando y fueron arramplando con todo, incluidos los pueblos.


Sin embargo, lo más espectacular del museo no son las maquetas, sino la réplica que hay de una mina romana. La realidad es que uno está acostumbrado a ver en los centros de interpretación reproducciones de cartón piedra de un cierto tamaño, que normalmente representan una cueva, un acantilado o cosas así, pero nunca había visto en un museo una imitación tan fiel, como la de la galería romana que hay en el Museo Minero. 


La entrada a la mina es llamativa, pero es que por dentro la réplica es un laberinto de pasillos oscuros, en el que hay recovecos en penumbra, figuras humanas y hasta una noria de tamaño natural, que muestra como sacaban los romanos el agua del túnel. No se que superficie tendrá el montaje, pero lo cierto es que dentro uno pasa unos minutos muy divertidos. Julia y Ana se lo tomaron como una especie de pasaje del terror. Gracias a la reproducción de la galería y a los trenes no creo que olviden el museo, así que hay que quitarse el sombrero, porque este gusta tanto a niños como a adultos. 

La jornada la acabamos yendo en coche al Barrio Bella Vista. Como he dicho antes, ese grupo de casas se construyó aislado en 1881, para que vivieran en él los capos de la mina. Hoy día aquello tiene pinta de urbanización. Los casoplones siguen siendo los mismos, pero Bella Vista ya se ha integrado en Minas de Riotinto. Sigue estando en uno de sus extremos, pero por el sur se encuentra unido por completo al resto del pueblo. En el Barrio Bella Vista está habilitada como museo las Casa Número 21, que se ha dejado como estaba en el siglo XIX, por lo que resulta muy ilustrativo. 



Al rondar por la casa queda claro que no está vivida, a pesar de que se encuentra totalmente amueblada, pero con lo que hay allí lo cierto es que uno puede hacerse una idea fácil de como vivían los jerifaltes de la mina. 

Me resultó muy curiosa una foto, que yo reproduzco, en la que se ve a unas mujeres participando en una carrera en 1914, creo recordar, con motivo de la principal festividad celebrada por los ingleses asentados en Bella Vista, que no era otra que la del cumpleaños de la Reina Victoria. La monarca murió en 1901, pero el día de fiesta, el 24 de mayo, no se cambió.


La carrera se estaba celebrando junto a las casas de Bella Vista. Hoy día, el lugar no ha cambiado tanto como cabría esperar. En la actualidad, el camino por donde corrían las mujeres es más estrecho, porque en el lado opuesto a las casas hay una valla que las separa de la piscina de la urbanización. También hay parterres frente a los porches de las viviendas, pero, como digo, cuando vi la foto identifiqué al instante donde estaba tomada.


Normalmente intento irme de los sitios sin tener demasiadas deudas pendientes y este caso no ha sido diferente, pero en esta ocasión las cosas que me dejé las voy a comentar, para que el presente post me sirva de referencia cuando vuelva. Para empezar, quiero ver las salas del museo que van de la 1 a la 7. También quiero recorrer el pueblo, mas allá de la Plaza Ernest Lluch y de su alrededores, que es donde está el Museo Minero. Creo que la disposición de las calles de Minas de Riotinto es una herencia de su historia y eso me apetece comprobarlo sobre el terreno. Por último, quiero ir de nuevo a Corta Atalaya, aunque esto, cuando ocurra, dará lugar a un post independiente.


Reto Viajero MUNICIPIOS DE ANDALUCÍA
Visitado MINAS DE RIOTINTO.
En 2006 (primera visita real), % de Municipios ya visitados en la Provincia de Huelva: 13'9% (hoy día, confirmada ya esta visita, 30'4%).
En 2006 (primera visita real), % de Municipios de Andalucía ya visitados: 10'9% (hoy día, confirmada ya esta visita, 21%).